El juego del beer pong, en el après-ski de Ischgl, detonante de los contagios

Juicio masivo en Austria tras las 6 mil personas contagiadas de 45 países en la estación de esquí

El famoso apreski de Ischgl fue el origen del contagio. FOTO: Ischgl
El famoso apreski de Ischgl fue el origen del contagio. FOTO: Ischgl

Ischgl se enfrenta a una larga lista de litigios tras los miles de infecciones de covid-19 en marzo de 2020. Más de 6.000 personas de 45 países se infectaron en la estación austriaca y sus alrededores debido a la negligencia y gestión tardía.

Los contagios no se sucedieron en las pistas, El juego del beer pong en el local de moda Kitzloch, pasándose una pelota de ping pon de boca en boca entre los asistentes a las fiestas après-ski, fue el gran detonante.

El beer pong, responsable de los contagios de covid a 45 países

Austria afronta docenas de demandas. Y es que un total de 32 personas fallecieron por la covid tras volver de la estación conocida como ‘la Ibiza de los Alpes’, donde habían pasado unos días esquiando.

Según un informe de expertos independientes, se ignoró una primera alerta emitida el 5 de marzo por Islandia, que se alarmó por el regreso de viajeros contaminados en Ischgl. Los esquiadores continuaron apiñándose en las cabinas del teleférico, mientras la fiesta nocturna estaba en pleno apogeo en los valles.

La contaminación se produjo en el Kitzloch, un concurrido bar de Ischgl a finales de febrero. Los asistentes jugaban al ‘beer pong’, una praxis que era un reclamo atractivo del après-ski. Se trataba de un juego que consistía en turnarse para escupir una pelota de ping-pong en el vaso de cerveza de un usuario. La persona agraciada la lanzaba desde su boca a la jarra de otra y así sucesivamente.

Primeros demandantes de Ischgl

Los primeros demandantes han sido la viuda y el hijo de un hombre que se contagió del coronavirus en la estación. Los demandantes reclaman al Estado austríaco una indemnización de 100.000 euros. No en vano, han alegado que las autoridades no reaccionaron ni a tiempo ni con suficiente determinación para evitar la propagación del virus, pese a tener constancia de casos desde hacía semanas.

El 8 de marzo quedó claramente establecido que parte del personal turístico de Ischgl había contraído el virus. Pero la reacción fue demasiado lenta y tarde. Unos días después, el canciller conservador Sebastian Kurz decretó el cierre local y pidió a los miles de turistas que abandonaran la estación por el cierre de la misma. Uno de los autobuses, que trasladaba turistas a sus lugares de origen, estuvo horas parado en un atasco provocado la expansión del virus durante esa apresurada salida.

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