Mikaela Shiffrin: «Rara vez me siento feliz cuando acabo una carrera»

La campeona estadounidense explica en una entrevista su estado anímico tras vivir un año plagado de desgracias y contratiempos, y cómo trata de volver al máximo nivel de competición

Mikaela Shiffrin está inmersa en el proceso de rendir como lo hacía antes de su 'annus horribilis'.
Mikaela Shiffrin está inmersa en el proceso de rendir como lo hacía antes de su 'annus horribilis'.

Mikaela Shiffrin ha concedido una interesante entrevista a la web del Mundial de Cortina d’Ampezzo en la que hace un repaso a su inicio de temporada. Después de la muerte súbita de su padre, el intento de reengancharse a la pasada temporada y la lesión en la espalda que la apartó de Soelden, la estadounidense se explaya detallando sus sensaciones.

Empieza comentando su victoria en el segundo gigante de Courchevel, hace tres semanas. «En el primer gigante (acabó cuarta) no me sentí a punto para tenerlo todo bajo control, estuve distante. Pero al día siguiente, con condiciones diferentes, me sentí abrumada por pensamientos positivos en el momento justo. Eso me duró toda la carrera, pensaba mientras esquiaba. Lo hacía de manera natural, era una compresión inmediata de lo que estaba haciendo, como un regreso al pasado. Logré la mezcla adecuada de velocidad y línea desde el principio hasta el final».

Shiffrin volvió a ganar en Courchevel después de la trágica desaparición de su padre el pasado febrero. FOTO: Twitter MS
Shiffrin volvió a ganar en Courchevel después de la trágica desaparición de su padre el pasado febrero. FOTO: Twitter MS

La dirección correcta

Sabe que el camino va a ser largo, asegura que «la victoria en Courchevel fue sólo el primer paso de un viaje lleno de escollos. Me dicen que he vuelto y yo sé que no es verdad. Pero sí mé di cuenta de que iba en la dirección correcta. Hoy fue hoy, mañana será mañana y por haber ganado una carrera no significa que las vaya a ganar todas. No era así antes y tampoco lo es ahora».

De la lesión que le impidió estar en el gigante inaugural de Soelden comenta que «esos problemas en la espalda me hicieron sentir que estaba yendo hacia atrás, cediendo terreno ante las mejores rivales y ante mi misma. Hubo que echarle mucha paciencia para reconstruir un estado de forma aceptable. Por lo menos pude entrenar con el equipo todos los días, algo que no conseguí en verano».

Eso le supuso empezar de nuevo, sin olvidar todas las pruebas de material que quedaron interrumpidas en verano. Es un aspecto más de todo lo que rodea a un corredor de élite de la Copa del Mundo. Horas y horas de trabajo, de pulir hasta el más mínimo detalle tanto a nivel físico, mental y de materiales.

El estrés de la competición

Shiffrin lo describe bien. «Es una cuestión de sentimiento, de querer, y de energía mental. Hay que gestionar y entender este equilibrio delicado y agotador, que quema el día como si el tiempo corriese a cámara lenta. La carrera es un mundo en sí que requiere de un intenso trabajo previo. Hay que comprimirlo todo en un minuto y medio de carrera. Es mucho más duro que un día entero de entrenamiento, que te lo pasas subiendo y bajando la montaña».

Shiffrin explica cómo siente la presión de la competición.
Shiffrin explica cómo siente la presión de la competición.

Cualquier mínimo detalle puede tener una consecuencia ampliada. «Un día descansas en lugar de entrenar. O al revés. Y dos semanas después notas el peso de esa decisión durante un entrenamiento. Un buen día no borra los riesgos, los miedos y las incógnitas a las que nos enfrentamos como esquiadores. Ni tampoco te aligera la carga de trabajo para seguir en la cima».

Una hora y media de gloria

Shiffrin echa cuentas de sus minutos de gloria. Y su reflexión da que pensar. «Tengo 67 victorias en la Copa del Mundo. Si sumo los tiempos es algo más de hora y media de mi vida en la que he esquiado muy, muy bien. Pero no es nada en comparación con el tiempo que he pasado, y sigo pasando, sobre unos esquís», detalla la campeona de Vail.

Volver a ser la mejor sobre cualquier tipo de terreno, pista o circunstacia es el objetivo de la estadounidense. FOTO: Twitter MS
Volver a ser la mejor sobre cualquier tipo de terreno, trazado o circunstacia es el objetivo de la estadounidense. FOTO: Twitter MS

También incide Shiffrin sobre las particularidades del esquí alpino. «Las variables son infinitas y hay que gestionarlas. El terreno de la pista, el viento, el sol y la luz cambiantes, los tipos de nieve y los marcajes de cada manga. Ahora estoy sintiendo como si tuviese que empezar de cero a aprender a esquiar en cada una de esas condiciones; como volver a la escuela».

Más alivio que felicidad

Explica también cómo asimila las victorias y es curioso que le provoquen más una liberación de la presión que alegría. «Rara vez me siento feliz cuando acabo una carrera. Siempre ha sido así: cuanto mayor es la presión que siento, mayor es el alivio tras un buen resultado. Esto no parece haber cambiado y dudo que cambie nunca; son demasiadas emociones de golpe cuando cruzas la línea de meta y es imposible procesarlas sobre la marcha como para ser feliz en ese momento. Sí lo soy durante algún segundo al describir una curva perfecta durante una manga. O cuando esquío sola, sin dorsal».

La fama tampoco resulta un tema fácil de manejar para deportistas jóvenes, con poca experiencia todavía en la vida. «Los focos brillan. Pero si te acercas demasiado te puedes quemar. Todavía estoy aprendiendo a mantener el equilibrio, entre lo que es solo mío y lo que es mío y también de todos los demás. La cultura europea es más sana en esto que la de mi país. Las chicas de aquí dividen de manera clara su vida privada y la deportiva, hacen lo que tienen que hacer y se van a vivir sus vidas», concluye Shiffrin.

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