Mikaela Shiffrin, una campeona que no deja nada a la improvisación

Mikaela Shiffrin disfruta de unas cortas vacaciones después de una temporada impecable, en la que ha seguido batiendo récords, y explica cómo el super G de Lake Louise fue decisivo para adoptar una mentalidad positiva

Mikaela Shiffrin con el Globo de super G en Soldeu. FOTO: Toni Grases @photoset.es
Mikaela Shiffrin con el Globo de super G en Soldeu. FOTO: Toni Grases @photoset.es

Mikaela Shiffrin ya está de vuelta en Estados Unidos, donde ha sido protagonista de entrevistas y apariciones en programas de TV. El seguimiento del esquí alpino en su país no es masivo, pese a que figuras no han faltado. Shiffrin ha roto todos los récords este invierno, logrando 17 victorias y superando en tres las 14 de Vreni Schneider en 1989, adjudicándose su tercer Gran Globo consecutivo y ganando también los de slalom, gigante y super G, algo que nadie antes había conseguido. Además, ha igualado el récord de Ingemar Stenmark de 40 victorias en slalom. Lindsey Vonn se ha retirado a los 34 años con cuatro Grandes Globos. Shiffrin, una década más joven, ya lleva tres. Y tiene 60 victorias en la Copa del Mundo, la más precoz en alcanzar esa cifra. En el Mundial de Are se colgó el oro en super G y slalom y el bronce en gigante.

Para ella el Globo de gigante es el más importante de los obtenidos esta temporada. «Ganar el último en Soldeu fue uno de los momentos más emotivos», ha admitido Shiffrin a AP.

Durante dos semanas se olvidará de la rutina de una deportista de élite, pasará el mayor tiempo posible con su abuela, de 97 años, y estrenará casa en Colorado. Es consciente que, pese a gozar de un relativo anonimato en su país, le tocará llenar el vacío dejado por Vonn.

Mike Day, entrenador de Mikaela Shiffrin, FOTO: U.S. Alpine Ski Team
Mike Day, entrenador de Mikaela Shiffrin, FOTO: U.S. Alpine Ski Team
© Eric Schramm

Todo milimetrado

El equipo que la rodea cuida con todo detalle el día a día en la preparación de la campeona. Nada se deja al azar y menos los días de competición. «Entre carrera y carrera sólo nos quedan tres días para entrenar. Ahí entra la parte logística: ‘¿dónde vamos? ¿donde volamos? ¿qué estación tiene las mejores condiciones? ¿Necesitamos enviar a alguien por delante y que se inyecte la nieve para que esté lo suficientemente dura para poder entrenar'», explica Shiffrin, que hace tres años contrató a Mike Day como entrenador. «Tiene un efecto calmante sobre mí. Y más si lo comparamos con otros entrenadores más intensos que tuve en el pasado. Está a la altura y me ayuda a bloquear el ruido».

El papel de Eileen

Su madre Eileen es pieza importante en el engranaje del equipo que la rodea. Es entrenadora (compitió como amateur), se encarga de analizar los vídeos de las carreras, inspecciona las pistas, la acompaña y le da fuerza. Pensaron en reducir su calendario de viajes pero los éxitos la decidieron a seguir con el ritmo de siempre. «Es mi familia; su amor es incondicional. Si ella está aquí es por mi y es importante en mis victorias. Nuestra felicidad va de la mano y cuando soy capaz de hacer mi mejor esquí soy feliz».

Mikaela con su madre Eileen.
Mikaela con su madre Eileen.

Fue Eileen quien se encargó de ejercer de maestra en los dos últimos años de estudios, que Mikaela se pasó de carrera en carrera ya con 16 años tras concluir su estancia en la Burke Mountain Academy. «Mi madre es la persona más motivada que conozco y se motiva por cosas que importan. La gente la mira y entienden que es ella la que me ha llevado hasta aquí. Me mantiene en el camino correcto; mis padres siempre me han ayudado a esquiar mejor», dice Mikaela.

Lake Louise, punto de arranque

Su victoria del pasado diciembre en el super G de Lake Louise, disciplina en la que nunca había ganado, fue clave en el desarrollo de la temporada. No había entrenado apenas el super G desde la concentración de septiembre en Chile. «Me propuse disfrutar del super G y dejarme llevar montaña abajo. Fue la carrera más divertida en mucho tiempo», explica Shiffrin.

Su victoria en el super G de Lake Louise le aportó un cambio en su mentalidad y aumentó su confianza.
Su victoria en el super G de Lake Louise le aportó un cambio en su mentalidad y aumentó su confianza.

La conclusión que sacó es que si podía mantener esta mentalidad de disfrutar las carreras sin marcarse expectativas, le iba a salir una temporada muy buena. Y la mejoría la ha notado, y mucho en el gigante. Pese a las derrotas sufridas ante Petra Vlhova en Semmering, Spindleruv Mlyn y la victoria compartida en Maribor. «Las carreras que he ganado este año las gané porque luché por ellas o simplemnte porque esquié mucho mejor. Es un sentimiento especial y siento que mi esquí en gigante está en un nivel diferente».

Las lesiones le han respetado bastante y una de las razones es que su equipo es muy selectivo a la hora de programar las carreras. Se evita al máximo situaciones de riesgo y si hay que parar se para, como hicieron esta temporada en febrero saltándose las carreras de Crans Montana.

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