Sebastià Plaza, el ‘jardinero’ jefe que mima la nieve de Grandvalira

Preparar una pista para que compitan los mejores del mundo no está al alcance de todo el mundo y Sebastià Plaza, jefe de máquinas de Grandvalira, explica alguno de los secretos

Sebastià Plaza posa orgulloso junto a la última adquisición de Granvalira, una herramienta de lujo de 350.000 euros. FOTO: Nieveaventura.com
Sebastià Plaza posa orgulloso junto a la última adquisición de Granvalira, una herramienta de lujo de 350.000 euros. FOTO: Nieveaventura.com

Sebastià Plaza es un salmantino de 60 años que lleva media vida mimando la nieve, a los mandos de esos monstruos que en cuanto se va el sol se lanzan a las pistas para que a la mañana siguiente presenten un aspecto impecable. Pero en esta ocasión a Sebastià, y a los 19 chóferes que coordina (una mujer entre ellos), les ha caído un encargo muy especial.

Nada menos que tener las pistas de l’Àliga y Avet en perfecto estado para que los mejores esquiadores del mundo se disputen las últimas victorias de la temporada. Las finales de la Copa del Mundo de alpino 2018-2019 se van a disputar en Soldeu y El Tarter y desde que empezó el invierno se ha estado trabajando en estas dos pistas sin descanso. Son la joya de la corona de Grandvalira.

«Es una competición muy importante y hay que estar a la altura. Empezamos a hacer la base desde el principio de un invierno que ha sido muy difícil, con poca nieve y que nos ha obligado a fabricar mucha nieve. No hemos parado ni una sola jornada hasta hace un par de días que finalizamos el trabajo», empieza relatando Sebastià.

La Federación Internacional de Esquí FIS exige unas condiciones mínimas de densidad y grosor de la nieve. «A partir de aquí nos aplicamos en cumplir estos criterios y empezamos a trabajar hasta llegar al nivel exigido», detalla el jefe de máquinas.
En esta ocasión la FIS no ha enviado una delegación para realizar el control de nieve previo que se hace en todas las pruebas de la Copa del Mundo. «Han demostrado que tienen confianza en nuestro trabajo porque en las dos competiciones previas que organizamos de la Copa del Mundo sí vinieron. Vieron cómo funcionamos, comprobaron nuestra seriedad y a partir de aquí nos han dado toda la responsabilidad. Estamos satisfechos porque hemos cubierto todas las exigencias solicitadas», explica con un orgullo más que justificado.

Desde que empezó la temporada el trabajo para acondicionar l'Àliga y Avet ha sido ininterrumpido. FOTO: Gustavo Subilibia
Desde que empezó la temporada el trabajo para acondicionar l’Àliga y Avet ha sido ininterrumpido. FOTO: Gustavo Subilibia

Tres máquinas simultáneas en la misma pista

Depende del tipo de nieve, temperatura y demás factores ambientales una jornada puede prolongarse con varias máquinas trabajando en una misma pista. «Una cosa es trabajar la nieve natural cuando nieva y la otra es cuando se hace con nieve de cultivo. Las pistas se han de trabajar cada día y una de tres kilómetros de longitud como es l’Àliga no la acabas con un solo turno de máquinas. Ha habido días que se ha fabricado mucha nieve y hemos tenido tres máquinas, una en la cota baja, otra en la alta y una tercera en la parte intermedia. Cada máquina echa entre ocho y diez horas cada día. Pero son situaciones especiales, días puntuales. El mantenimiento normal nos supone dos máquinas trabajando entre diez y doce horas diarias», señala el jefe de máquinas.

Para preparar una pista que acogerá una competición, Plaza señala que

«Es mejor la nieve cultivada porque el resultado es más eficaz. La nieve natural hay que trabajarla mucho más porque son cristales sin densidad, hay que quitarle el aire, romper ese cristal para llegar a un grano fino que el cañón ya te fabrica directamente».

Nieve de usuario y nieve de competición

Nada que ver acondicionar una pista para usuarios que para competir. «Las de competición han de tener unas densidades que para un usuario no resulta fácil de esquiar. Es una nieve muy dura, un espejo, y hay que tener mucho nivel para manejarse en esas condiciones. La nieve para el público es más fácil, no es tan dura y tiene menos densidad. Una pista de cliente llega a los 400-450 kilos por metro cúbico. Una pista de competición tiene 720, que es la densidad que tenemos ahora en la Avet. La nieve de competición se trabaja de manera distinta. Hay que empezar a trabajar con la máquina hasta una densidad de 400-450, estar muy pendiente de los factores climatológicos y una serie de labores específicas. A veces ves la pista lisa y por la mañana está como arrancada porque le entra calorías. Entonces se cierra la pista para que marchen las calorías y entren las frigorías. Y así la vas endureciendo poco a poco; son muchos días trabajándola hasta que llegas a las densidades deseadas», alecciona Sebastià.

Parte de la flota de pisanieves de Grandvalira. FOTO: Nieveaventura.com
Parte de la flota de pisanieves de Grandvalira. FOTO: Nieveaventura.com

Si en competición la temperatura es elevada y la nieve se degrada rápido, se echa sal. «Para dar la oportunidad a todos los corredores de disputar la carrera en las condiciones más iguales posibles. Se tira sal a la nieve como si se sembrase y la reacción química es inmediata porque la nieve se endurece», aclara el técnico.

La configuración de la pista (saltos, curvas y demás orografía) también es de su competencia, aunque en este caso compartida. «El equipo de Ensisa cuenta con corredores experimentados y entre ellos y nosotros configuramos el trazado. Es un trabajo conjunto».

No es lo mismo adecuar una pista para una prueba técnica que para una de velocidad. Sebastià Plaza comenta que

«para un slalom o un gigante hace falta una mayor densidad, una nieve más dura que a veces hay que inyectar. Son disciplinas más agresivas en la que los giros son más cortos y la compresión del esquí mayor. En un descenso o super G los giros son más largos y no hace falta tanta densidad ni dureza».

Ya no hay marcha atrás. Mañana empieza el baile y Sebastià y su equipo están muy tranquilos. «¿Tensión? Ninguna. Hemos hecho lo que teníamos que hacer. Las pistas están al 100% en condiciones. Sólo hace falta que la climatología nos ayude aunque las pistas están preparadas para soportar la temperatura altas de estos días. Durante la noche rehiela y eso nos aguantará las competiciones. Y si nevase lo único que hay que hacer es quitar la nieve fresca y dejar la nieve dura en la superficie. Estamos preparados para esta contingencia».

Evolución en la formación de maquinistas

Sebastià empezó trabajando en los remontes mecánicos de Ensisa, la empresa que explota el dominio esquiable, hasta que pasó a la categoría de maquinista. Nada que ver aquellas ratracs con las máquinas de hoy en día. «A mí me enseñó Jaume Porta a mediados de los ochenta. Eran máquinas de gasolina y te faltaban manos para llevarlas porque la dirección se accionaba con dos manetas y cuando querías cambiar de marcha tenías que soltar una mano. El doble embrague era obligatorio y la verdad es que muy cómodo no era», explica Sebastià.

Los tiempos han cambiado y la enseñanza también. «No es un aprendizaje fácil, aunque como en todo unos le cogen el truco antes que otros. Normalmente en la empresa hay promociones internas para cubrir vacantes. Las máquinas actuales están dotadas con los últimos adelantos tecnológicos y en Grandvalira hay dos con sonar incorporado. A los debutantes les formamos nosotros tanto en el aspecto de conducción como de trabajar la nieve. Para llegar a la titularidad hacen falta mil horas de conducción, un examen teórico de cien preguntas y una hora de examen práctico. Todo hay que hacerlo con paciencia y cariño.La primera semana el debutante ocupa el lugar del copiloto y el chófer le va explicando las particularidades tanto de la máquina como de las pistas. En la segunda semana los papeles se invierten y es el aspirante quien se sienta a los mandos».

Pisanieves de nivel F-1

Posa orgulloso junto al pisanieves que han estrenado esta temporada. En todo el Pirineo sólo hay otro modelo en Porté Puymorens. «Las máquinas convencionales son de combustión, con una potencia de 550 CV y cada cadena, fresa y cabrestante, si lo hay, tiene su correspondiente bomba hidraulica, que es lo que genera la mayoría de averías. En cambio estas máquinas híbridas funcionan a presión, sin bombas hidraulicas, trabajan a 1.000 rpm, un régimen bajisimo, casi al ralentí. Desarrollan 450 bars y para hacerse una idea, es cien veces más que la presión de una caldera doméstica. Consumen un 20% menos de combustible, el mismo porcentaje en nivel de contaminación y la función de las bombas hidraulicas la hacen unos generadores eléctricos. ¿Su coste? 350.000 euros», se lanza a detallar con una pasión que delata el amor que siente por su oficio.

Sebastià Plaza en la sala de mandos donde se controla todo el trabajo de las pisanieves. FOTO: Nieveaventura.com
Sebastià Plaza en la sala de mandos donde se controla todo el trabajo de las pisanieves. FOTO: Nieveaventura.com

Todo el trabajo informatizado

Nos enseña su despacho, la sala de mandos del equipo de mantenimiento de pistas. En una pantalla figuran todas las máquinas, cada una con un color identificativo que deja en tiempo real su traza en la pantalla, las horas y las pistas trabajadas. Desde hace diez años trabajan con este sistema informatizado y Sebastià ya ha olvidado las largas jornadas tomando notas a pie de pista para planificar después el trabajo.

Pero ello no le impide calzarse los esquís cada mañana para inspeccionar sobre el terreno la labor realizada durante la noche. Vive con pasión su oficio –«podría vivir tranquilamente en el hotel de Soldeu que tengo junto a mi esposa. Pero yo no podría vivir allí; necesito esto»– y sólo desconecta cuando viaja un par o tres de veces al año a su pueblo, al lado del aeropuerto salmantino de Matacán, para visitar a sus padres y resto de familia. Y traerse de vuelta unas buenas raciones de Guijuelo.

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