El parapentista José Luis Bernal recuerda como sobrevivió cinco noches aislado a 4.000 m de altitud

Entre sus opciones para sobrevivir, intentó volar despegando desde algún lugar que le permitiera remontar en una corriente ascendente o salir andando

Foto del parapentista José Luís Bernal
Foto del parapentista José Luís Bernal CRÉDITO: Facebook

José Luis Bernal, “Chelui”, permaneció aislado y perdido cinco días con sus cinco noches a más de 4.000 metros de altitud. No en vano, una nube de tormenta repentina le desplazó su parapente en la India y aterrizó en un inhóspito valle donde su supervivencia dependía de sus propios recursos.

Sevillano y afincado en Asturias, Bernal lleva 30 de sus 60 años volando con su parapente

‘Chelui’ habla con desparpajo del plan de vuelo de alta montaña, de 4.000 a 5.000 metros, que había planificado en España con el grupo de amigos. Un viajó en el norteño estado indio de Himachal Pradesh, cerca de la frontera con Pakistán y Cachemira.

El grupo salió a volar el pasado 19 de octubre desde el Bir Billing. Se trata de un punto de despegue popular entre los aficionados a esta práctica deportiva con todas las condiciones meteorológicas a su favor. Ese día lucía un sol espléndido y nada hacía presagiar un cambio brusco.

Pero de forma inesperada se formó una gran nube de tormenta que “creció en diámetro y altura” y le sorprendió dentro de su radio de acción. Por lo que el efecto de la energía interior, que “era como un toro de miura”, le impulsó y alejó de sus amigos, según relata a Efe.

En ese momento fue consciente de que o salía por sus propios medios “o de ahí no salía. De esta forma, se vio obligado a aterrizar en un valle “inhóspito”, donde su máxima prioridad era “salir lo más pronto posible porque estaba aislado, incomunicado y sin comida”.

Chelui tenía una buena base de entrenamiento en la montaña

En ocasiones anteriores había dormido colgado de una pared y pasado días enteros en una cueva practicando espeleología. Nada más aterrizar en el valle recordó la frase “Houston, tenemos un problema”. Y su primer pensamiento fue buscar posibles vías de escape.

Intentar volar despegando desde algún lugar que le permitiera remontar en una corriente ascendente o salir andando eran sus opciones. Pero tenía presente que si llegaba a aterrizar debía evitar lesionarse. “Con un simple esguince de tobillo estaba muerto”, señala.

Sabía que sus amigos Sento, Vicente, Emilio, Viky y Juanjo, a los que ya considera como sus “hermanos de sangre”, “moverían Roma con Santiago” para su localización. En este sentido, trataba de mantener la calma y organizar su subsistencia.

“Chelui” planificó salidas durante la luz del día y descansaba por las noches para dosificar sus fuerzas y que la espera del rescate, si se producía, “fuera más llevadera”, relata.

Buscó un refugio natural en una zona de piedras y para protegerse del frío dormía envuelto en su parapente. Incluso, logró hacer un fuego con un mechero. En este sentido, ante la imposibilidad de que prendiera con ramas secas, utilizó la parte trasera de la plantilla de su bota.

Además recuerda cómo la humedad y la nieve dejaban congelados sus calcetines. Por las mañanas tenía que sacudirlos contra las piedras para desentumecerlos y seguir utilizándolos porque “no llevaba calcetines de repuesto”, afirma aún con humor.

Su preocupación era que no le pudieran rescatar

Sin obviar que, su “angustia más terrible”, era pensar que podía morir y que su familia jamás recuperara su cadáver “porque estaba en una zona de animales donde, al día siguiente, no estarían ni mis huesos”.

Un piloto argentino localizó su señal de radio. Cinco días después de su “incidente”, como denomina a su experiencia, un helicóptero le rescataba.

Ya desde su casa en la localidad asturiana de La Fresneda, “Chelui” planifica su próximo viaje para volar con su parapente a Nepal. El deportista se emociona al recordar el ruido del motor del helicóptero. También, recuerda el abrazo con su familia y con sus “hermanos de sangre” y la campaña que se organizó para su búsqueda porque, asegura, le “desbordan tantas muestras de cariño”. EFE

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