Geni Baturone, líder del último equipo español en la élite mundial del bob

En enero de 1971, con la trágica muerte de Luis López Solanes, acabó la presencia española en la élite mundial del bobsleigh. El piloto Geni Baturone rememora cómo fueron aquellos tres años intensos

La última presencia de un equipo de bobsleigh español en la élite tuvo lugar entre 1968 y 1971
La última presencia de un equipo de bobsleigh español en la élite tuvo lugar entre 1968 y 1971

La presencia española en las competiciones de máximo nivel en bobsleigh, Juegos Olímpicos de Invierno y Campeonatos del Mundo (la Copa del Mundo se creó en la temporada 84-85), se reduce a dos etapas bien diferenciadas. En la primera destaca la figura de Alfonso Cabeza de Vaca, Marqués de Portago, un ‘sportmen’ aristócrata a la vieja usanza que llegó a ser miembro oficial del equipo Ferrari de F-1, disputó dos veces el Grand National británico de hípica, además de haber practicado disciplinas tan diversas como el golf, polo, esgrima, natación, boxeo o pelota vasca.

Los deportes de invierno también llamaron su atención, habiendo practicado el esquí alpino y el skeleton. Llegó a batir el récord de la Cresta Run de St Moritz, legendaria pista de skeleton, que fue escenario de los Juegos de Invierno de 1928 y 1948.

Se le ocurrió formar un equipo para representar a España en los Juegos de Invierno de Cortina d’Ampezzo de 1956 y pagó la iniciativa de su propio bolsillo. Reclutó a su primo Vicente Sartorius Cabeza de Vaca para el bob a dos y el de a cuatro lo completó con Gonzalo Taboada y Martínez de Irujo y Luis Muñoz Cabrero.

 

Alfonso Portago fue el precursor del bobsleigh en España y formó un equipo para representar a España en los Juegos de Cortina d'Ampezzo de 1956. FOTO: www.snaplap.net
Alfonso Portago fue el precursor del bobsleigh en España y formó un equipo para representar a España en los Juegos de Cortina d’Ampezzo de 1956. FOTO: www.snaplap.net

 

Una eficacia insospechada de Portago

Pese a los desencuentros con Juan Antonio Samaranch, en aquellos años presidente de la Federación Española de Patinaje, de la que dependía el bobsleigh, Alfonso y su primo Vicente acabaron en la cuarta plaza a catorce centésimas del podio. El bob a cuatro acabó en la novena plaza. Todo un éxito inesperado que no fue flor de un día porque al año siguiente, en el Mundial de St Moritz, Portago y Luis Muñoz se colgaron el bronce. Meses después Portago fallecía a los 28 años, al volante de un Ferrari 335S de 390 CV, cuando disputaba la prestigiosa carrera Mille Miglia.

Se trató de recomponer el equipo para los Juegos de Squaw Valley 1960 con los hermanos Sartorius, Luis Muñoz y la incorporación de Miguel de la Quadra Salcedo. Pero en esos Juegos no hubo competición de bobsleigh.

El segundo intento, en los Juegos de Grenoble

No fue hasta siete años después, en 1967, con Samaranch ya como presidente del COE, cuando arrancó la segunda etapa del ‘bob’ español en la élite mundial. Fue un proyecto que también tuvo mucho de aventura y que duraría tres años, con un final abrupto y doloroso.

El equipo español de bob en los Juegos de Grenoble junto a los federativos Sixto Quintana y Juan José Giró
El equipo español de bob en los Juegos de Grenoble junto a los federativos Sixto Quintana y Juan José Giró

Eugenio ‘Geni’ Baturone era por aquel entonces un piloto de 26 años que empezaba a despuntar en carreras de montaña y velocidad. Con él recordaremos cómo se forjó ese equipo que debutó en los Juegos de Grenoble 1968 y cuya aventura acabó dolorosamente una mañana de enero en unos entrenamientos previos al Mundial de Cervinia de 1971.

«Para los Juegos de Grenoble nos cogieron a gente del motor, tanto coche como moto, para formar el equipo español. Samaranch, ya presidente del COE, quiso dar un impulso a los deportes de invierno. Estaba Paquito, que empezaba a despuntar, también en luge Luis Omedes, único deportista español que ha participado en Juegos de Verano y de Invierno. Pensó Samaranch que con el nivel que teníamos en las competiciones de motor podríamos rendir bien en el bobsleigh, tal como hizo Alfonso Portago doce años antes en los Juegos de Cortina 1956, cuando el bob dependía de la federación de patinaje y Samaranch era el presidente. Nos lo propusieron y nos hizo ilusión, era algo nuevo para nosotros conocer el ambiente de unos Juegos Olímpicos, algo vetado a los deportes de motor. Nos gustaba el riesgo», empieza recordando Geni Baturone, que reconoce que sufre de vértigo y que por eso no ha esquiado nunca.

Diez fueron los escogidos para participar en la competición de bobsleigh de aquellos Juegos. Junto a Baturone figuraban los hermanos Palomo, José María y Víctor, Antonio Marín de Bes, Guillermo Rosal, José Clot, José Manuel Pérez de Vega, Néstor Alonso, Carlos Giró y Maximiliano Jones, primer atleta de color que representó a España en unos Juegos. A lo largo de los tres años de existencia del equipo hubo más nombres que entraron y salieron como Carlos Giró, Salvador Cañellas«se ponía tapones en los oídos porque le impresionaba el ruido que hacía el ‘bob’ en contacto con el hielo», señala Baturone-, Julio Satorre y Guillermo Rosal.

El arranque fue muy acelerado, improvisando como se podía y Geni explica que «éramos muy jóvenes, en nuestro deporte nos cuidábamos dos o tres días antes de cada carrera. Después llevábamos una vida alegre. Nos llevaron a la Blume a pasar revisión médica y de ahí, unas tandas de entrenamientos que nos fundían. Y antes de viajar a Grenoble nos llevaron a un pueblecito de la costa de Italia a trabajar con un preparador físico de allí. Los que estábamos más en forma, como Víctor Palomo y yo, lo aguantamos bien. Pero Carlos Giró, que no ha hecho deporte en su vida, no pudo levantarse al día siguiente del primer entrenamiento de las agujetas que tenía».

Con los bobs de Portago

El material del que disponían era el que había utilizado Portago doce años antes. «La conducción no era con volante sino con anillas. Los bobs con los que competimos eran los de Alfonso de Portago, que llevaban años en un almacén en Cortina d’Ampezzo. Un mecánico fantástico los puso a punto y los dejó impecables», recuerda Geni.

Eugenio Baturone, Max Jones, Víctor Palomo y José Clot en los Juegos de Grenoble con el España 2
Eugenio Baturone, Max Jones, Víctor Palomo y José Clot en los Juegos de Grenoble con el España 2

Antes de lanzarse por el ‘tubo’ olímpico de Alpe d’Huez, el ‘bob’ a cuatro español había debutado en el Campeonato de Europa, finalizando en la novena plaza sobre un total de veinte equipos. Y de allí a los Juegos, casi con una mano delante y otra detrás. «Cuando llegamos teníamos unos ‘bobs’ de entrenamiento porque los nuestros todavía no estaban preparados. Estos de entrenamiento eran sin carrocería, un chasis metálico y para abajo. Hasta que no cogimos la técnica nos ponían nieve en las curvas en los entrenamientos para frenar de alguna manera. No se frena a menos que sea estrictamente necesario, al que lo hacía sin motivo le llamaban de todo porque marcaba la pista», apunta Baturone.

De esta manera, la víspera de los Juegos, se seleccionaron los equipos de bob que representó a España en Grenoble 68 no sin cierta polémica. «A mí me dijeron que me ponían de reserva y que, de momento, no iba a correr. Mi respuesta fue que me iba a casa que yo no había ido hasta allí para estar de reserva. Hubo cierto revuelo y desde Madrid ordenaron que pidiésemos un permiso para que en el primer entrenamiento, tanto de dos como de cuatro, los tres o cuatro pilotos españoles se probasen. Los dos mejores tiempos serían los titulares. Y me quedé. En el bob a dos llevaba de brake (frenador) a Max Jones y cuando lo pasaba mal le delataba el sudor helado que se le quedaba en el labio superior. Y al ser negro destacaba mucho más, con lo que al pobre Max no le quedaba más que aguantar las chanzas del equipo».

Parte de la delegación española en los Juegos de Grenoble de 1968
Parte de la delegación española en los Juegos de Grenoble de 1968

Los consejos de Eugenio Monti

Las sensaciones en el bob no eran las mismas que en un coche, a las que Baturone estaba muy acostumbrado. «Yo me sentía mucho más seguro en un coche, sin duda alguna. En el bob te empujan y ya no puedes hacer otra cosa que no sea trazar. Eugenio Monti, que había sido nueve veces campeón del mundo, que se colgó los dos oros en Grenoble (a dos y a cuatro) y que fue un revolucionario del bobsleigh, me dijo en el Mundial de Canadá que «se te nota mucho que vienes de conducir coches. Tú cortas curvas y la manera de ganar velocidad es la contraria, subirte al peralte todo lo que puedas. Me enseñó mucho y mantuvimos una muy buena amistad hasta su muerte en 2003».

Baturone era un piloto regular que rendía a un nivel muy alto teniendo en cuenta su escasa experiencia. «Era curioso porque me harté de hacer mejores tiempos en los entrenamientos pero en carrera no había manera, aunque casi siempre acaba cuarto, quinto o sexto. Y es que me desenvolvía mejor con temperaturas altas, en las que el hielo no es tan agresivo, que con frío. No era normal nuestro rendimiento comparado con equipos que llevaban años dedicados exclusivamente al bobsleigh», explica.

En Grenoble 68 Eugenio Baturone y Max Jones acabaron en la plaza 17ª mientras que José María Palomo y José Manuel Pérez de Vega fueron decimoterceros. En el bob a cuatro, el España 2 pilotado por Baturone y con Víctor Palomo, Max Jones y José Clot fueron decimoctavos mientras que la siguiente plaza la ocupó el España 1 con Néstor Alonso, Guillermo Rosal, José Manuel Pérez de Vega y Antonio Marín de Bes.

Que el equipo tenía calidad se comprobó en la siguiente cita, el Mundial de Lake Placid de 1969 donde el bob a dos de Baturone-Rosal acabó el 14º de 21 clasificados. Ese mismo invierno, en el Europeo de Cervinia, se quedaron a pie de podio, cuartos por sólo cuatro centésimas.

De izquierda a derecha, Satorre, Pérez de Vega, Rosal y Baturone, con la copa de subcampeones de Europa
De izquierda a derecha, Satorre, Pérez de Vega, Rosal y Baturone, con la copa de subcampeones de Europa

Fue en el Europeo de Cortina d’Ampezzo de 1970 donde se obtuvo el mayor éxito después del bronce de Alfonso de Portago en el Mundial de St Moritz de 1957. El bob a cuatro español, compuesto por Baturone, Satorre, Pérez de Vega y Rosal se proclamaron subcampeones continentales, sólo superados por el equipo de la RDA.

A punto de subir al podio para recoger la plata en el Europeo de Cortina d'Ampezzo ded 1970
A punto de subir al podio para recoger la plata en el Europeo de Cortina d’Ampezzo de 1970

En el Mundial de ese año, el de St Moritz 1970, el bob a cuatro español, el mismo que se había colgado la plata en el Europeo, finaliza noveno y en bob a dos, los mejores españoles fueron Baturone y Rosal, décimos, mientras que Sagnier-Cano fueron 24º.

Un entrenamiento fatídico

Todo acabó la mañana del 21 de enero de 1971, víspera del inicio del Mundial de Cervinia. Luis López Solanes, un oscense de 27 años, era el preparador físico del equipo. Ex atleta de medio fondo, Solanes llegó al equipo de bobs procedente del equipo de esquí alpino, donde aquella época ya despuntaban Paquito Fernández Ochoa y Aurelio García.

Ese día Guillermo Rosal, el brake del equipo, estaba con anginas y su estado no era el idóneo para hacer el entrenamiento. La víspera habían logrado el cuarto mejor tiempo. A Baturone todavía le cuesta recordar aquella mañana, casi medio siglo después. «Cualquier otro podría haber cubierto la baja de Guillermo en ese último entrenamiento. Pero Luis, que no se había subido en su vida a un bob, se empeñó en acompañarme. En realidad podía correr, formaba parte del equipo; en aquella época las normas no eran tan estrictas. Ya en el bob Luis empujó con fuerza y estábamos haciendo una bajada impecable, marcando el récord del Lago Azul. Íbamos tan rápido que la última curva no nos absorbió y salimos volando. Me dí cuenta que íbamos hacia un árbol y lo único que pude hacer fue ladearme todo lo posible para variar la trayectoria. Luis que iba detrás y agachado no vio nada, se dió contra el árbol, se desnucó y no se enteró de nada el pobre. Si llega a venir Guillermo seguro que no pasa. Era el primer año que venía con nosotros pero nos llevábamos muy bien con él; era un tipo excepcional», rememora compungido y añadiendo que en esa pista ya se habían producido anteriormente varios accidentes.

La organización no suspendió el Mundial e Italia se hizo con el oro en el bob a dos mientras que Suiza se proclamó campeona en a cuatro. Este vídeo recoge la actuación del cuarteto helvético.

Una peritonitis; ninguna fractura

La prensa de la época publicó que Baturone sufrió fracturas de tabique nasal, pelvis y fémur izquierdo además de graves contusiones y magulladuras. En realidad, no sufrió ninguna fractura. Pero a consecuencia del golpe en el abdomen contra el bob se le produjo una peritonitis que no detectó hasta semanas después. «Tuve una suerte increíble. Resulta que la propia sangre formó un coágulo que impidió la hemorragia. Y así estuve unas semanas hasta que el dolor me hizo acudir a los médicos», señala Baturone.

Eugenio Baturone, en su casa de El Port de la Selva
Eugenio Baturone, en su casa de El Port de la Selva

Ahí acabó el proyecto de bobsleigh español pese a que, según Geni, «me apretaron mucho para ir a Sapporo. Pero tenía el accidente muy reciente y pese a que hubiésemos tenido opciones, no quise ir. Lo pasé muy y durante años tuve problemas para dormir. Al final sólo habíamos quedado José María Palomo y yo y así murió esta bonita y a la vez triste aventura».

El diploma olímpico de Geni Baturone
El diploma olímpico de Geni Baturone

Pese al dolor por la pérdida de Luis, Baturone se pregunta qué hubiese pasado de haber seguido. Relata que «me encontré a Eugenio Monti muchos años después y me confesó que fue una pena el accidente de Luis porque además cortó mi trayectoria en los ‘bobs’, donde podría haber llegado muy lejos. Me halagaron sus palabras por venir de quien venían. A mí me gustaba, yo hubiese seguido. Reconocía la pista a pie, solo, para fijarme en los mínimos detalles. Pero el golpe anímico fue demasiado fuerte. Pasé mucho tiempo sumido en una gran ansiedad y con problemas de sueño».

Ricardo Soriano piltando el Gredos, el bobsleigh de su creación y que ha sido la base de los modelos actuales FOTO: olimpismo2007 blogspot.com
Ricardo Soriano pilotando el Gredos, el bobsleigh de su creación y que ha sido la base de los modelos actuales FOTO: olimpismo2007 blogspot.com

Un aristócrata salmantino, creador del bob actual

Ricardo Soriano y Scholtz von Hermensdorff, Marqués de Ivanrey, fue un aristócrata salmantino creador del concepto de ‘bob’ que ha ido evolucionando hasta nuestros días. En 1905 presentó el ‘Gredos’, un prototipo semicabinado de diseño futurista construido en acero. Con el ganó carreras en Davos y St Moritz pero tuvo poca trascendencia porque en esos años el bobsleigh no estaba considerado como deporte.

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