Catapultarse a 100 k/h, la atracción estrella en Queenstown

Catapultarse a 150 metros de altura y alcanzar una velocidad cercana a los 100k/h en un segundo y medio es lo que ofrece la nueva atracción que se ha instalado en la región neozelandesa de Queenstown

Nevis Catapult, una explosión de adrenalina en Queensland. FOTO: James D. Morgan
Nevis Catapult, una explosión de adrenalina en Queenstown. FOTO: James D. Morgan

En Queenstown, en la Isla Sur de Nueva Zelanda, se puede acceder al ‘summum’ del mercado de la adrenalina gracias a una catapulta que lanza al cliente a 150 metros a una velocidad alrededor de los 100 k/h. Es un salto ‘bungee’, una variante del puenting, en el que la cuerda elástica pone a prueba el temple de los más serenos.

“Nadie está obligado a subirse a la plataforma pero una vez se ha subido el compromiso está claro. Cada uno decide cómo y cuándo salta”, explica al National Post Henry van Asch, cofundador de A.J. Hackett Bungy New Zealand, la compañía que está detrás del nuevo viaje emocionante, y que introdujo por primera vez el salto bungee comercial hace 30 años.

La idea les llegó a los dos socios hace tiempo, cuando practicaban puenting en Francia.

“Estiré el bungee (cuerda elástica) entre dos puentes e hice algo similar. Pero no fue hasta hace tres años cuando nos pusimos en serio en el proyecto. Nos llevó casi un año definir lo que queríamos que sintiese la gente a nivel emocional, físico y mental. Los otros dos años los hemos dedicado a desarrollar el diseño técnico y mecánico”, dice Van Asch.

 

Tras ello, un año de probaturas en una instalación adecuada en Christchurch antes de desplazarse al valle, su ubicación definitiva donde se asienta desde el pasado miércoles, cuando se inauguró para el público.

“La respuesta ha sido muy positiva y todos se van con una gran sonrisa y los ojos muy abiertos”, comenta Van Asch.

Una vez provisto de un arnés el cliente se asegura a un sistema de cabrestante computerizado que está ensartado a una cuerda elástica. En un espacio de tiempo que parece detenerse, el otro extremo de la cuerda sale disparado a través de los cables, lo que aumenta la tensión. El sistema informático decide la presión adecuada en función del peso del cliente y una vez logrado se libera un imán que, al mismo tiempo, libera el cable y el cliente, tirando de ambos a una altura de casi 150 metros sobre el valle.

La catapulta de Queenstown lanza al cliente a 150 metros a una velocidad alrededor de los 100 k/h

“Se pasa de cero a 96 k/h en un segundo y medio, con una fuerza de aceleración máxima de 3G, el límite que establecemos para una experiencia segura”, explica Van Asch.

Para hacerse una idea, las montañas rusas de alta velocidad ejercen hasta 6G en los casos más extremos y sólo durante unos segundos. Los pilotos de cazas de combate soportan hasta 8G y utilizan trajes presurizados.

“Durante el primer segundo y medio se sufre una fuerte aceleración, luego llega un gran rebote, una fase de ingravidez y un par de rebotes más. La experiencia dura unos minutos, dependiendo del peso y la velocidad”, detalla el cofundador de la compañía.

Queenstown está considerada la capital mundial de la aventura, no en vano es lugar obligado para aficionados al riesgo de todo tipo. Aparte de senderismo y estación de esquí, actividades extremas como el paseo en lanchas a reacción, paracaidismo y puenting son parte de la oferta comercial.

La compañía A.J. Hackett tiene por lema “vivir más, temer menos” y se encarga de la explotación de tres saltos de puenting, uno de ellos el más alto del país. La previsión es que en los días punta más de cien personas se catapultarán en esta nueva atracción. Las condiciones para disfrutarla (o sufrirla) son ser mayor de trece años, pesar entre 45 y 127 kilos y pagar 148 euros.

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